viernes, 28 de agosto de 2009

Raíces - Concurso Latinoamericano


No es extraño que viajemos a Quilpué, están sus casas y nuestra gente. Al terminar las dos horas de viaje que nos lleva llegar desde Santiago, pasando por la Cuesta la Dormida (camino que mi padre prefiere por ser un lugar de gran belleza y bastante más económico que las carreteras concesionadas, el cual además nos permite disfrutar de las aceitunas de la zona y pasar por el olvidado monumento a Manuel Rodríguez que la comunidad sólo recuerda, sobre todo en la capital, en canciones como “… En Til Til lo mataron, los asesinos…”, en los dieciochos de septiembre o en las clases de historia, aunque pocas veces nos detenemos realmente), no es extraño que, como pasa en los pueblos chicos en los que todos se conocen, nos demoremos aún más de este tiempo en llegar a la casa de mi abuelo entre saludo y saludo, y entre visita y visita. Al llegar a su morada, es imposible no extrañar la sutil presencia del antecesor de mi padre, que físicamente no significó tanto para mi como su ser, y ahora es solo su alma la que nos acompaña.
Salta a la vista desde la aparición del cartel que dice “Bienvenido a Quilpué, Provincia de Valparaíso” que es otro ambiente al de la capital a pesar de la cercanía. El aire es más puro y hay estanques en los alrededores que cada vez tienen menos agua producto de los cambios climáticos que ha habido a través del tiempo, pero aun así sigue siendo un hermoso entorno el que lo circunda. La magia de los lugares no solo está en esta región sino que en todo el país, y por lo que sé, en todo el continente, lo que no sería extraño, pues nuestras tierras son hermanas, al igual que nuestra gente.
A pesar de los cientos de años que han pasado, a pesar de que las casas sean de épocas más actuales, de que haya tiendas multinacionales y de que haya muchos autos en las calles, aun se encuentran algunos caminos de tierra y árboles frutales que salen como la mala hierba, además es imposible no pasar por el centro de la ciudad e ignorar su plaza vieja en la cual se encuentran la municipalidad, las estaciones de buses, los bancos y el correo, también la línea del tren que conecta la región se ubica en un costado de la plaza, típica estructura de pueblo y ubicación de las instituciones de la colonia. Esta distribución no solo se ve aquí, sino que, en mayor o menor medida, en todos los lugares que fueron ocupados por España.
Estando allá mis padres me parecen más jóvenes, como si retrocedieran a los años de su juventud y me alegra verlos entre sus amigos de infancia y liceo, pienso en muchas ocasiones si acaso yo lograré mantener relaciones como ellos a pesar de la distancia, no solo como un recuerdo, igual como ellos han hecho con algunas de las suyas, sin importar el tiempo pasado, ni que lleven más de 20 años viviendo en Santiago, sin embargo, ahora las posibilidades de viajar son muchas más y pareciera que el tiempo pasara más rápido como lo sugiere Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad” y eso complica más el panorama, aunque no veo imposible el lograrlo porque somos personas cálidas, somos personas cercanas, esta en nuestras raíces serlo. De hecho este viaje es justo por una antigua amistad de mi padre, el cual avisó de su viaje a Chile y su arribo a Quilpué hace algunos días, es por eso que dejamos de lado algunas responsabilidades y partimos. Éste amigo viajó a Suecia al desencadenarse el golpe militar, hizo su familia allá con una chilena que conoció en aquellas tierras extranjeras, no es raro este suceso ya que nuestra cultura con la del viejo continente es bastante distinta y es normal que extranjeros busquen lo que se les hace familiar.
Es imposible viajar a la zona sin pasar a Viña del Mar para saludar a nuestros familiares ahí, a Valparaíso para andar en trole, comer chorrillanas en el Jota Cruz y pasear en los ascensores, a Con Con para comer las mejores empanadas de mariscos en la picá “Nancho’s”, e ir a Reñaca para dejar velas a San Expedito; y a pesar del poco tiempo con el que contamos, ésta ocasión no iba a ser la excepción de hacer estas cosas.
Conversar con mi abuela es siempre estimulante, conocimientos acerca del cultivo y cuidado de plantas y hierbas que sólo la herencia y la práctica le han entregado, llenan parte de nuestras charlas. Otras veces, conversamos acerca de la peña a la que asiste con cierta regularidad y de los cientos de canciones que Violeta Parra escribió, artista a la que admiro enormemente.Y a pesar de que viajar a Quilpué sea siempre como un viaje al pasado y a mis raíces familiares, agradezco que al final de cada viaje pueda volver a mi hogar, ya que ahí esta mi vida, además, vaya a el al lugar que vaya y esté donde esté, la alegría, la naturaleza, los colores, el idioma y los aromas de la tierra del Nuevo Continente son los mismos y destacan, además de la sangre de los que vivimos en él, ya que es toda sangre valiente y luchadora, sangre india, sangre colona, sangre mestiza, sangre Latinoamericana.

3 comentarios:

Conito dijo...

Esta muy lindo fey
tiene mucho sentimiento

Tu también deberías preguntarte que haces en el biólogo.....

Mikhail dijo...

Siempre me haces escarvar en algún recuerdo o sentimiento... y es que conocí lugares con los que sentía que nuestras esencias eran una sola, cómo hablabamos el otro día (acerca de que pertenecemos a un todo).
Nuestra Tierra es grandiosa, sería excelente que los Latinos olvidemos nuestras disputas sin sentido, la segregacion dada entre nosotros mismos (la cual habrás notado sin duda) y porqué no olvidar las franjas imaginarias que son nuestros países. La geografía y la cultura nos beneficia para ello; vivimos en un gran jardín; Latinoamérica.
Muy lindo, suerte.

Oidora de Violeta por medio de Metha que me recuerda a una niña que por seudo ser "Fey" (Para no terminar en "anda") dijo...

Que tu tierra es tu tierra y la mía mi tierra.
Que no importa cual tierra o lodo pisemos, que por nuestras gente nos valemos y más aún siendo la misma gente, el mismo sol que a nuestros corazones nos alumbra y el mismo ozono nos cubre, Gracias a Dios doy y gracias las palabras que incumben a todo aquel que pise tierra , nuestra tierra latinoamericana.